A medida que las ciudades se vuelven más densas y pasamos más tiempo dentro de los edificios, el diseño interior se convierte en un factor clave para determinar la calidad de vida de las personas. Desde la salud emocional y corporal hasta la comodidad y eficiencia al habitar el espacio, pasando por los gustos personales y los niveles de apropiación que sentimos por nuestro entorno, la calidad ambiental afecta directamente al ser humano, y su diseño debe ser llevado a cabo con detenimiento y responsabilidad.

La luz del sol bien manejada puede darnos calor y a la vez reducir el florecimiento de microbios; la ventilación adecuada puede limpiar el aire interior y refrescarnos durante el verano; el color o la incorporación de plantas y materiales naturales pueden estimularnos sensorialmente y hacernos sentir bien. Por otra parte, la iluminación artificial fría puede ayudarnos a concentrarnos mientras la luz cálida puede crear un ambiente más relajante y acogedor. Incluso, innovar en el diseño de espacios que creíamos inamovibles, como el baño o la cocina, puede cambiar totalmente nuestra percepción del espacio y nuestra experiencia cotidiana. La preocupación por la accesibilidad universal es también esencial.

En un mundo en que el diseño estandarizado y un minimalismo mal entendido podría terminar literalmente por enfermarnos, nada debe ser dejado al azar. La arquitectura en interiores puede ser tan compleja como emocionante, y nos obliga a observar y entender a las personas con más cuidado que nunca.